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¿Cuánto contamina internet?

28 abril 2022

¿Cuánto contamina internet? Cuando pensamos en actividades que contaminan, a todos y todas se nos vienen a la cabeza algunas imágenes clásicas: coches de combustión en las calles y carreteras, centrales de carbón…

En base a esto, pensamos en otras actividades individuales y diarias que contribuyen a reducir estas emisiones, como usar el transporte público, ir en bicicleta, ser consciente de nuestro consumo de luz…

 

¿Pero y si te dijéramos que una actividad que realizamos prácticamente todas y todos a diario como navegar en internet está detrás cada vez de un mayor peso en el conjunto global de las emisiones?

Las tecnologías digitales son responsables del 4% de las emisiones de gases de efecto invernadero, una cifra que se espera que se duplique en 2025, y la energía necesaria para este sector aumenta un 8% al año. Para hacerse una idea, actualmente supone entre 1.600 y 1.700 millones de toneladas de emisiones equivalentes a CO2 anuales, similar a la cantidad producida por la industria de las aerolíneas, o una suma que situaría a la web, de ser un país, como el quinto más contaminante del mundo, entre Rusia y Japón.

Y es que, aunque navegar e incluso los actuales ordenadores y dispositivos son eficientes, el verdadero gasto energético de internet procede de los grandes servidores y nodo de datos que se distribuyen por todo el Planeta. Las tecnologías Cloud, y su almacenamiento y gestión para que podamos enviar un archivo adjunto, por ejemplo, están respaldadas en estos centros de datos, que requieren un consumo energético muy elevado. Y, por desgracia, ya sabemos que aunque se ha hecho mucho camino aún queda para que todas las fuentes de energía sean 100% renovables.

El consumo del vídeo, en auge con sus emisiones

Internet supone por lo tanto un reto más antes el Cambio Climático, pero es muy difícil de regular, ya que mucha gente lo utiliza para muchas cosas diferentes y sus centros de datos están descentralizados. Pero si algo sabemos es que uno de los aspectos de Internet que más energía consume es el vídeo. Para hacerse una idea, diez horas de vídeo de alta calidad comprenden más datos que todos los artículos en inglés de Wikipedia en formato de texto.

El visionado de vídeos online representó el 80% del gasto energético de internet en 2019. Por ejemplo, según datos de Sustaintable Web Manifesto, una red de desarrolladores que aboga por descarbonizar internet, la transmisión en plataformas como Netflix que generan más de 24.000 toneladas de carbono anualmente solo a partir de las visitas a su sitio web, sin tener en cuenta las interacciones con su aplicación móvil o de televisión.  Por su parte, YouTube, eleva aún más esta cifra , disparando sus emisiones hasta las 702.000 toneladas anuales.

El aumento del consumo de vídeo hace que se almacenen cantidades masivas de datos, lo que perjudica aún más al medio ambiente y va en contra de los objetivos del Acuerdo de París.

 

¿Cómo reducir la contaminación de Internet?

Expertos medioambientales crearon un grupo de reflexión llamado The Shift Project, que propone la idea de la “sobriedad digital”. La sobriedad digital promueve el uso de Internet y de la tecnología de una manera más consciente y responsable, en lugar de suprimirla por completo; el grupo de reflexión reconoce la inverosimilitud de esta idea, y aboga por un camino intermedio.

Entre sus recomendaciones, que podemos poner en marcha todos los usuarios de internet, están:

  • Realiza una gestión eficiente del correo electrónico: eliminando los mensajes que ya no vamos a consultar, en lugar de dejarlos eternamente abiertos, ya que siguen ocupando espacio en los servidores y por lo tanto contribuyendo a su demanda.
  • Utiliza servicios de envío con fecha de caducidad: como WeTransfer, una plataforma que permite enviar archivos pesados con un enlace que se elimina a los 7 días, para no hacer que, de nuevo, sigan ocupando espacio.
  • Prioriza el uso de discos duros sobre la nube siempre que puedas: Obviamente, los servicios en la nube pueden ser útiles para muchas cosas, pero utilizarlos por defecto sin cuestionarnos todo lo que depositamos en ellos también aumenta los recursos de la red.
  • Realiza una limpieza de los archivos antiguos para prevenir la denominada diógenes digital
  • Configura WhatsApp y otras aplicaciones de mensajería para que, por defecto, no descarguen todas las fotos y vídeos que te envían, sino que sea tú quién hagas clic en descargar.
  • Desactiva en servicios como Netflix la reproducción continua. Sé consciente de si de verdad quieres ver otro capítulo o no y evita así que se quede reproduciendo cuando ya no estamos viendo la serie. Aquí tienes un tutorial en inglés pero muy visual para hacerlo.

 

 

Este think tank cree que la humanidad es víctima del “diseño adictivo”, un concepto en el que los sitios web emplean mecanismos como la “reproducción automática” y la “sección recomendada” de los sitios de streaming para maximizar la cantidad de tiempo que un usuario pasa en la plataforma.

Permite un flujo continuo de vídeo en lugar de un uso controlado y consciente, lo que potencia el consumo de una gran cantidad de contenidos y genera un aumento de los volúmenes de datos asociados y, por lo tanto, de las emisiones. Por ejemplo, la funcionalidad de “reproducción automática” en Netflix anima al usuario a ver más episodios de los que hubiera querido, ya que hay poco tiempo para optar por salir antes de que empiece a reproducirse el siguiente episodio.

El Proyecto Shift afirma que es necesaria una “regulación por contenidos”, que “tendría como objetivo redimensionar el diseño de las plataformas para orientar los comportamientos a una selección más precisa de los contenidos consumidos. Reduciría el volumen de contenidos consumidos y sería más coherente con las necesidades del usuario”.

Aunque no cabe duda de que la reducción de la huella de carbono de las tecnologías digitales supone un reto, especialmente si se tienen en cuenta los aspectos prácticos relacionados con el creciente acceso mundial a internet, es necesario tener más en cuenta el impacto de estas tecnologías en el planeta.

 

Escrito por Victor Millán.


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