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Combatir por un consumo responsable

9 marzo 2021

Miles de toneladas de carne de vacuno procedente de tres empresas brasileñas señaladas por sus prácticas relacionadas con la deforestación en la Amazonia entran cada año en el mercado español. Saber de dónde viene, cómo se produce y qué impacto causa al ecosistema todo aquello que se incluye en la cesta habitual de la compra ocupa a un colectivo de periodistas (Nazaret Castro, Brenda Chávez, Aurora Moreno, Laura Villadiego) unidas bajo el nombre de Carro de Combate. Al inicio, Chávez y Villadiego crearon un blog centrado en temáticas relacionadas con “la esclavitud en la industria moderna”, pero, poco a poco, fueron ampliando la temática de sus ensayos e introdujeron también cuestiones relacionadas con los impactos medioambientales para cubrir la cadena de producción.

En 2013 autoeditaron su primer libro e investigación en profundidad sobre la industria del azúcar: Amarga Dulzura, una historia sobre los orígenes de este producto.

 

Y en 2014, llegó Carro de Combate. Consumir es un acto político, escrito por Castro y Villadiego, y reeditado hace apenas unos meses tras una intensa actualización.

“Las etiquetas de los alimentos que adquirimos suelen ser ininteligibles para el consumidor medio y resulta virtualmente imposible saber de dónde vienen las materias primas con las que fueron elaborados. La opacidad sirve a menudo para ocultar las deficiencias nutritivas de los alimentos, la toxicidad de los detergentes y cosméticos o el despilfarro que suponen los embalajes, así como las desiguales dinámicas entre el Norte y el Sur global”, cuentan.


Foto de Casa del Libro

 

Se trata de una radiografía de los impactos sociales y ambientales de 20 productos de consumo cotidiano, a cuyo uso se dan también alternativas al alcance de todos.

“La idea central de Carro de Combate es que el consumidor tiene el derecho y la responsabilidad de informarse sobre el origen de los productos que consume, los impactos socioambientales que crea; y también, en esa misma búsqueda, los efectos sobre su salud que tienen, pongamos por caso, el exceso de azúcar o de aceite de palma en los alimentos ultraprocesados, o ciertos químicos que se utilizan en la producción de cosméticos y detergentes”, señala Nazaret Castro.

“Creemos, por experiencia propia, que el consumidor bien informado, o al menos una buena parte de los consumidores que se informen, tenderá a buscar productos que, al mismo tiempo, sean más saludables y generen un entorno más armónico. Proponemos buscar alternativas de la economía social y el trabajo de las cooperativas. También cuestiones relacionadas con modificar hábitos de consumo”, concluye.

El texto también recoge cifras estremecedoras, como que, según la FAO, 900 millones de personas pasan hambre en el mundo y sufren malnutrición mientras, datos recogidos por la misma organización indican que cada año se desperdician unas 1.300 toneladas de comida. En España, el consultor social Manuel Bruscas asegura que entre tres y cuatro millones de españoles pasan hambre, en un país donde se tiran nueve millones de toneladas de comida al año, 135 kilos de alimentos por persona. “Un 60% de ese desperdicio viene de fabricantes y supermercados; un 20%, de los hogares, y otro tanto, de restaurantes, colegios y similares. El desperdicio ha sido impulsado además por las políticas europeas de agricultura y pesca con sus sistemas de subsidios y cuotas”, recoge el libro.

 

La presión del sistema ante el cambio climático

El sistema alimentario está bajo la presión de cuestiones no climáticas (por ejemplo, el crecimiento de la población y de la renta, la demanda de productos de origen animal) y el cambio climático. Estas tensiones climáticas y no climáticas afectan a los cuatro pilares de la seguridad alimentaria: la disponibilidad, el acceso, la utilización y la estabilidad.


Foto de Unsplash

 

“Hay modelos agroalimentarios que están destruyendo los ecosistemas locales, que provocan una emergencia climática y un cambio climático, que provoca sequías, que provoca hambre en el mundo. Todas estas emergencias están conectadas entre ellas”, asegura Annaïs Sastre, miembro de la cooperativa Arran de Terra, centrada a la transición hacia sistemas alimentarios y sociedades más justas y sostenibles.

En Carro de Combate. Consumir es un acto político recuerdan, aun así, que en los países ricos, con altos niveles de consumo incluso en tiempos de crisis, “la premisa solo puede ser la reducción del consumo, o, como algunos teóricos apuntan, el decrecimiento”. Las famosas tres erres: reducir, reutilizar, reciclar. “Suele olvidarse, sin embargo, que esas erres están colocadas por orden de importancia: de nada sirve reciclar los embalajes de los alimentos si seguimos consumiendo productos cada vez más innecesariamente envueltos en plásticos y cartones”, añaden.

Desde el colectivo Carro de Combate, las periodistas dan por concluidos otros dos informes en profundidad: el primero, sobre el del azúcar y el último, sobre le aceite de palma, el más usado por la industria alimentaria y cosmética. Han publicado también el libro Los monocultivos que conquistaron el mundo,  y han comenzado a trabajar en una investigación en profundidad sobre la industria textil que, seguro, dará que hablar.

 

Escrito por Rut Vilar

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