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Biofilia

21 septiembre 2021

Mira, un trozo de naturaleza domesticada a primeros de septiembre y con todo, parece bastante silvestre, ¿cuántas especies diferentes vivirán en ese recuadro? No puedo dejar de mirar la imagen, ¿por qué? Los expertos dirían que es porque se trata de un fragmento de vida vegetal, muy ligada a nuestra vida humana. El biólogo, naturalista y entomólogo Edward O.Wilson hablaría de Biofilia. Te habré comentado alguna vez sobre ella, se trata de la tendencia innata que tenemos a prestar atención a la vida y a los procesos naturales. Wilson acuñó la definición y ha dedicado buena parte de su trabajo científico a demostrar esos lazos que nos unen al resto de especies que con nosotros comparten el planeta. El problema ahora es que se nos ha alejado de su conocimiento, deberíamos prestar más atención a nuestra dependencia de las otras especies, conocerlas mejor, entender sus hábitats porque, como dice Wilson, en la medida que entendamos a los demás organismos, los valoraremos más y también nos valoraremos a nosotros mismos.

Los editores de Errata Naturae han traducido al castellano las especiales memorias de Edward O. Wilson bajo el título de “Biofilia, el amor a la naturaleza o aquello que nos hace humanos” (Errata Naturae edit.) En sus páginas Wilson da en el clavo de nuestra situación planetaria ahora: las tierras salvajes del planeta se han secado para convertirse en explotaciones madereras o ganaderas y en reservas naturales amenazadas, la extinción de especies ha comenzado a acelerarse. Su prudente estimación de extinción actual es de mil especies al año, en gran parte debida a la destrucción de los bosques y de otros hábitats clave de los trópicos, pero las previsiones son que en la próxima década la cifra supere las diez mil especies al año. Durante los próximos treinta años, podrían desaparecer un millón de especies, el panorama es desalentador. Todo lo que nos ha pasado como especie humana, ese giro destructivo, ha ocurrido en los últimos 400 años de nuestra vida en la Tierra, es algo nuevo bajo el sol como dice Wilson, porque antes los homínidos vivían en armonía con los otros seres. Protagonizamos un leve transcurso de tiempo en el período global de evolución y vida planetaria y sin embargo durante nuestra breve existencia, el planeta sufrirá una pérdida incomparable, incluyendo la estabilidad biológica global. He señalado casi todas las páginas del libro, no hay desperdicio de reflexiones ni de conocimiento en él y sin embargo Wilson me sorprendió hace un tiempo cuando hizo pública su teoría del Medio Planeta. Su propuesta para mantener el equilibrio de la biodiversidad pasaba por convertir la mitad del planeta en zona salvaje, pero esa mitad salvaje ¿incluía a las comunidades indígenas que han seguido el ciclo natural y la armonía de la existencia?, me quedó por entender esa parte en Wilson. Sin embargo, está claro que fue un grito y una advertencia de lucha científica en la era de La Sexta Extinción.

 


 

La divulgadora científica Elizabeth Kolbert es otra de mis referencias. Ella ha sido una de las primeras en usar la definición de Sexta Extinción para referirse a nuestro momento actual. En la vida en la tierra han existido 5 grandes extinciones, pero esta es diferente porque es la primera vez que la mano humana es su responsable. En su libro “La Sexta Extinción, una historia nada natural” (Crítica edit.) Kolbert estima que al final del siglo XXI habrán desaparecido más del 20% de las especies que habitan el planeta. Sí, nuestra mano, nuestra huella está dibujando el futuro, por eso en su último libro que acaba de publicar “Bajo un cielo blanco” (Crítica edit) Kolbert da continuidad a su análisis: ¿Cómo parar esa Sexta Extinción? ¿qué hacer para detenerla? Lo cierto es que los humanos estamos creando la naturaleza del futuro. Responder a esas preguntas y encontrar la solución no es nada fácil, ella misma lo afirma cuando comenta que es un libro sobre cómo intentamos resolver los problemas que otros crearon al intentar resolver problemas. Parece que vayamos poniendo parches sobre la marcha de nuestra evolución a un planeta desgastado y que echa aguas nada limpias por todas partes. Todavía no he terminado el libro, espero tener al final un rayito de esperanza que poder lanzar en otras entradas del blog.

Algo que sí está claro es que debemos atender más a nuestra Biofilia. Esta es la conclusión de la exposición que hasta finales de noviembre se puede ver en el CCCB (https://www.cccb.org) Ciencia Fricción Vida entre especies Compañeras. La responsable de diseñarla ha sido María Ptqk, autora a su vez del libro “Especies del Chthuluceno, Panorama de prácticas para un planeta herido” (Sycorax edit.) Su convencimiento inicial se basa en las teorías de dos grandes investigadoras y a la vez inspiradoras de nuestra conexión interespecies: Lynn Margulis y Donna Haraway. Sus avances nos demuestran que toda la vida en la Tierra es interdependiente, todo lo que está vivo es un mismo tejido, único, entrelazado en organismos y ecosistemas, multiplicidades vivas integradas las unas en las otras. Según esta teoría, el ser humano ya no es una categoría superior, cumbre de la historia evolutiva, sino que se convierte en una especie más y ahora además particularmente vulnerable. Aparte de simular, gracias a la realidad virtual, estar dentro de una secuoya gigante y vivir la evolución de sus flujos y su cadena vital, la muestra tiene un punto en el que me centro ahora: El Contrato Natural. Se trata del movimiento en defensa de subjetividad jurídica de formas de vida no humanas, especies animales y vegetales, ríos y montañas, valles y ecosistemas que deben ser protegidos por su valor intrínseco, al margen de su utilidad para los humanos. Si conseguimos que un río o una montaña sea persona jurídica y pueda defenderse el principio de Biofilia podrá ser aplicado de inmediato.

 


 

¿Recuerdas el caso de la orangutana Sandra? Es la primera orangutana a la que se denomina persona no humana. Pasó en 2014 cuando la Asociación de Funcionarios y Abogados por los Derechos de los Animales (AFADA) acudió a los tribunales argentinos para que dejara de ser considerada cosa u objeto, como establece la ley de diferentes países cuando se refieren a animales y a los códigos comerciales. En ese momento Sandra era una orangutana deprimida encerrada en el Zoológico de Buenos Aires, había nacido en el Zoo de Rostock en 1986 en la entonces República Democrática Alemana. Fue en Buenos Aires donde tuvo pareja, parió a su hija Sheinbira y repitió la historia familiar, como su madre, no quiso a su cría, carece de instinto maternal. La juez progresista Elena Liberatori falló el caso con una sentencia que obligaba a realizar un chequeo médico completo de Sandra, por cierto, que la juez quiso estar presente y no abandonó la mano de Sandra hasta       finalizar la exploración, para ella Sandra ya era una persona. A menudo cuando habla de ella explica que estudió leyes para defender a los inocentes y no hay nada más inocente que un animal. Para documentar su sentencia, la juez Liberatori leyó libros que tratan el asunto: “Los animales no humanos” del jurista y sociólogo italiano Valerio Pocar y “El lenguaje de los animales” de la etóloga norteamericana Temple Grandin y reconoció a

Sandra como sujeto de derecho no objeto. Se ordenó al Zoo de Buenos Aires que garantizara el hábitat natural de la orangutana, se la reconoció como persona no humana y por tanto se le dio la posibilidad de comparecer ante la justicia para determinar sobre la legalidad de su privación de libertad. La decisión judicial fue novedosa y respondía a las investigaciones y reflexiones éticas del momento, ya en Europa había nacido la Declaración de Cambridge sobre la Conciencia de 2012 con Stephen Hawking presente en su redacción, en la que se mencionaba la capacidad animal de exhibir comportamientos intencionales. Pero lo de la Orangutana Sandra ha propiciado acciones mejores, como las de convertir el Zoo de Buenos Aires en un Ecoparque, pasó en 2016 y su conversión no se hizo del todo bien, murieron muchos animales en el traslado debido a la rapidez en que se quería realizar el cambio. Sin embargo, la decisión es un inicio para dar dignidad a los animales nacidos en cautividad y que como Sandra no podrían ser liberados en su medio natural.

En Barcelona el debate también está abierto. En el Zoo de la ciudad, un atractivo turístico más de la capital catalana, las reuniones con la Plataforma ZOO XXI para adaptar sus instalaciones a la ciencia y a la ética de nuestra época llevan años sucediéndose. Ha habido momentos de tensión, como los provocados por la situación de la elefanta Susi, también con depresión como Sandra. A diferencia de la orangutana, Susi nació en estado salvaje en 1973, fue secuestrada y exhibida en un circo, trasladada al Zoo de Valencia y más tarde al de Barcelona. Los elefantes caminan 50 km al día y desde su secuestro Susi se ve encerrada en un espacio limitado, pisando cemento continuamente. Este pasado mes de julio la Plataforma solicitó la aplicación de la ordenanza de protección de los animales que rige en el Zoo para aquellos que no se encuentren en programas de reintroducción, con la intención de promover el traslado de Susi y también de Yoyo y Bully, otras dos elefantas a santuarios, refugios o equivalentes donde puedan vivir acorde a su condición animal. Hace poco se estrenó el documental “Susi, una elefanta en la habitación de la productora Camille Zonca que muestra la vida de Susi y su situación actual, con él iniciaron una campaña mediática para conseguir liberar a Susi. ¿Son felices los animales encerrados en Zoológico? Está visto que no, ni para los nacidos en libertad ni para los nacidos en cautividad. Como cuenta nuestro científico protagonista de este post Edward Wilson el cerebro tiende a conformar la mente a partir de las manifestaciones de la vida hasta el contacto mínimo para existir. Los humanos hemos perfilado demasiado el tipo de seres y especies que queremos a nuestro lado y aquellas que nos molestan o intrigan y solemos encerrar. Wilson nos da una recomendación práctica: sobre la Tierra, al igual que en el espacio, el césped, las plantas en maceta, los periquitos en jaula, los cachorritos de perro y las serpientes de goma no son suficientes. Así es nuestra Biofilia y la tenemos que volver a despertar. Escucha más sobre Edward O Wilson en la entrevista al editor de Errata Naturae Rubén Hernández https://www.rtve.es/play/audios/vida-verde/vida-verde-biofilia-airenet-leche-vegetal-04-09-21/6084382/

 

Pilar Sampietro.

 

Conoce a Pilar Sampietro

Soy periodista radiofónica especializada en ecología y cultura. Dirijo y presento Vida Verda en Ràdio 4, así como su versión en castellano, Vida Verde, en Radio Nacional de España (RNE) y Radio Exterior, programas  sobre crisis climática y ecológica, biodiversidad, paisaje y cultura. En Radio 3 presento Mediterráneo, un espacio sonoro sobre música, efectos migratorios y cultura de los diferentes rincones del Mediterráneo. Además, colaboro habitualmente en blogs de ecología como Alterconsumismo (El País Digital), soy coautora de los libros El jardín escondido (Pol·len, 2013) y, más recientemente, La ciudad comestible (Morsa, 2018), donde exploro experiencias y propuestas para hacer más verdes las ciudades.

 

 

 


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