Los grandes contaminadores

26 enero 2021

Navieras de todo el mundo rivalizan en la construcción de los buques de carga más grandes del planeta. Uno solo de esos cargueros, en plena navegación, llega a emitir la misma cantidad de contaminantes tóxicos que 50 millones de coches. Son barcos que, en su mayoría, utilizan combustibles fósiles para su propulsión, mayoritariamente, fuelóleo pesado, un producto que contiene altas cantidades de azufre, cenizas, metales pesados y otros residuos tóxicos. En combustión, además de CO2, el principal gas causante del cambio climático, emiten elevados niveles de óxidos de azufre (SOx), óxidos de nitrógeno (NOx) y material particulado (PM), contaminantes altamente peligrosos para la salud humana. De hecho, la Comisión Europea estima que las emisiones de contaminantes atmosféricos de los barcos causan anualmente 50.000 muertes prematuras y 60.000 millones de euros en costes sanitarios.

La quema de combustibles, convertidos en gases que perjudican la calidad del aire que respiramos, se encuentra entre las causas principales de la contaminación atmosférica. Se habla mucho de la necesidad de reducir la circulación de coches y camiones de ciudades y carreteras, una medida indispensable, sin duda, pero en cuanto a medios de transporte son barcos y aviones, con gran diferencia, los que más contaminan.


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Un estudio de la organización europea Transport and Environment (T&E) sobre la creciente contribución del transporte marítimo a las emisiones de gases invernadero responsables del calentamiento señala que el transporte marítimo en España (buques que entran y salen de los puertos) emiten más CO2 que el total de los vehículos de las 30 mayores ciudades españolas. Las emisiones del transporte marítimo totalizan 139 millones de toneladas de CO2 anuales: 59 millones de toneladas corresponden a mercancías; 53, a buques de carga; 20 millones a pasajeros-cruceros y 7 millones a otros sectores.

En cuanto a los cruceros, a nivel europeo, España, Italia y Grecia, seguidas de cerca por Francia y Noruega, son los países más expuestos a la contaminación por SOx. Barcelona, Palma de Mallorca y Venecia son, por su parte, las ciudades portuarias europeas más afectadas.

Es por todo ello que la compañía naviera Mediterranean Shipping Company (MSC) ocupó el octavo lugar en 2018 entre las empresas más contaminantes de Europa, según el ranking de T&E. Quien cerraba esa lista en décimo lugar era una compañía aérea: Raynair.


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La aviación es responsable, actualmente, de un 2% de las emisiones mundiales de carbono, según datos de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA).

En total, la industria de la aviación emite 895 millones de toneladas de CO2 al año. Tanto como Alemania y más que países como Francia, México o Brasil.

En España, por ejemplo, el declive de las centrales de carbón, que hasta hace un par de años copaban todas las listas de los principales contaminantes del estado, ha dado lugar a que una empresa como Vueling ocupe el quinto puesto de compañías más contaminantes del estado de 2019.

Además de la quema de combustibles, los principales contaminantes atmosféricos son:

Una industrialización excesiva

En el caso de España, la siderurgia, las centrales térmicas y las refinerías se llevan la palma en cuanto a las emisiones de CO2 y otros contaminantes a la atmósfera. Además, el impacto sobre el medio que provoca la extracción de los recursos que comporta la industrialización excesiva altera el ecosistema natural, produciendo cambios en su estructura y modificando su dinámica.

Las extracciones mineras

Muchos minerales se obtienen gracias a productos químicos y el uso de maquinaria pesada que contamina el aire de partículas de polvo y gases. Estos gases pueden generar graves problemas respiratorios a los seres humanos y animales que habitan las zonas próximas. Además, son gases que pueden subir a la atmósfera y causar el efecto invernadero, contribuyendo al cambio climático y a sus terribles consecuencias.

La extracción genera, también en un buen número de casos, daños irreparables en los entornos: cambios morfológicos del terreno, contaminación de aguas superficiales y subterráneas y daños en flora y fauna.

Uso de pesticidas en las actividades agrícolas

La preocupación por los efectos ambientales de los productos químicos en la agricultura no es nada nuevo. Ya en 1960, Rachel Carson trata el tema en su obra Primavera silenciosa. El libro de Carson denunciaba los efectos del DDT, un insecticida originalmente usado para combatir la malaria. Insecticidas, pesticidas, fertilizantes y otros productos químicos se emplean para el cultivo de alimentos, causando un grave perjuicio a los suelos y favoreciendo la acumulación de gases en el aire. De ahí que en la actualidad se insista tanto en la necesidad de optar por los cultivos libres de cualquier químico.

La deforestación

La deforestación es la pérdida de bosques y selvas debido al impacto de actividades humanas o causas naturales. Los arboles juegan un papel muy importante en la protección del medio ambiente ya que de ellos depende, mediante la fotosíntesis, la generación de parte del oxígeno que respiramos y la eliminación de dióxido de carbono.

Según un estudio del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) en 2004 la deforestación mundial ya contribuía con el 17% de la emisión total de gases de efecto invernadero (GEI) hacia la atmósfera, y representaba la segunda causa de esta emisión después de la generación de energía producida por combustibles fósiles y de las actividades industriales.

Actualmente los países responsables de las mayores emisiones de CO2 son China, seguida de Estados Unidos, India y Rusia.

 


Foto de El Orden Mundial

Nuestro granito de arena en la reducción de las emisiones de CO2 pasa por:

  • Practicar una movilidad sostenible, utilizar transporte público, poco contaminante y, en desplazamientos cortos optar por ir a pie o en bicicleta.
  • Seguir lo que se llama una dieta con baja huella de carbono, evitando el consumo de productos que necesitan más energía o recursos naturales, que se transportan desde lejos o requieren de un complejo envasado. Apostar por los productos de proximidad o cadena corta, que se elaboran y comercializan de forma local.
  • Consumir de forma responsable. Poner en práctica la regla de las tres erres: usar la menor cantidad posible de productos (reducción), aprovecharlos más de una vez (reutilización) y depositarlos en el contenedor adecuado (reciclaje).
  • Consumir energías renovables, que no emiten CO2.
  • Plantar árboles, cada vez hay más iniciativas ciudadanas en este sentido.
  • Reclamar más implicación institucional en la lucha contra el cambio climático.

 


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Se estima que las emisiones de gases de efecto invernadero habrán caído alrededor de un 6 % en 2020 debido a las restricciones de movimiento y las recesiones económicas derivadas de la pandemia de la Covid-19, pero esta mejora es solo temporal. Una vez que la economía mundial comience a recuperarse de la pandemia, se espera que las emisiones vuelvan a niveles mayores. Por ello, es necesario tomar medidas urgentes para abordar la emergencia climática con el fin de salvar vidas y medios de subsistencia.

Escrito por Rut Vilar

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