¿Qué es la agroecología?

3 noviembre 2020

“Un tomate procedente de otro continente, o cultivado en las condiciones laborales de los invernaderos almerienses, o vendido bajo la marca blanca de Mercadona, no contribuye nada a la sostenibilidad, por muy ecológico que haya sido su cultivo”. Así de clara se muestra la investigadora en consumo consciente y transformador, Montse Peirón, cuando le preguntan la diferencia entre la producción ecológica y la llamada agroecología.

La agroecología comparte las prácticas agrícolas de los modelos de producción ecológica, ya sean certificados por un sello o no, pero se preocupa, además, por la sostenibilidad de todo el sistema productivo: factores, actividades, agentes y circunstancias que inciden, de una forma u otra, en la llegada de los alimentos a los hogares.

La agroecología, pues, va más allá de cultivar la tierra sin contaminarla y de obtener unos productos alimenticios libres de tóxicos; consiste en garantizar que nuestros sistemas alimentarios —la forma en que se cultivan, venden, intercambian, comercializan y consumen los alimentos— son más justos y sostenibles de cara al futuro.

Esta opción persigue un sistema alimentario equitativo y sostenible económica y ambientalmente. Por ejemplo, exige condiciones de vida y de trabajo dignas para los productores y productoras; tiene en cuenta los impactos ambientales de la práctica agrícola, más allá de los del cultivo estrictamente (como el consumo de agua o los residuos y emisiones que genera); aboga por la vitalidad del medio rural y por la sostenibilidad de los canales de distribución y comercialización, y el afianzamiento de la viabilidad económica de la práctica de la agricultura.

Agroecología para enfriar el planeta. Ecologistas en acción.

 

La FAO define la agroecología a partir de estos diez mandamientos:

  • Diversidad: la agroecología contribuye a un amplio abanico de beneficios productivos, socioeconómicos, nutricionales y ambientales mediante el uso de sistemas de producción diversificados.
  • Creación conjunta y compartir conocimientos: a través del proceso de creación colectiva, la agroecología combina datos científicos globales con el conocimiento tradicional, indígena, práctico y local de los productores.
  • Sinergias: la creación de sinergias entre los elementos de un sistema (en este caso, cultivos, animales, árboles, suelos e incluso la participación de la comunidad) ayuda a un mejor funcionamiento, lo que conduce a una mayor fertilidad del suelo, la regulación natural de las plagas y al incremento de la productividad agrícola.
  • Eficiencia: evita desperdiciar recursos. Al utilizar de manera más eficiente las semillas, el suelo, la energía o los nutrientes, la agroecología necesita menos recursos externos, lo que reduce los costes y los impactos ambientales negativos. Así se ahorra, por ejemplo, en agua y se protege la biodiversidad.

Proyecto agrícola en Pottstown (Pensilvania, EE UU). Foto: Zoe Schaffer

 

  • Reciclar: la naturaleza reutiliza lo que produce. Las prácticas agroecológicas respaldan los procesos biológicos que impulsan el reciclaje de nutrientes, biomasa y agua dentro de los sistemas de producción.
  • Resiliencia: al mejorar la resiliencia ecológica y socioeconómica, los sistemas agroecológicos tienen mayor capacidad para recuperarse de desastres como sequías, inundaciones o huracanes, y para resistir el ataque de plagas y enfermedades.
  • Valores humanos y sociales: la dignidad, equidad, inclusión y justicia, contribuyen a medios de vida sostenibles. La agroecología pone las necesidades de quienes producen, distribuyen y consumen alimentos en el centro de los sistemas alimentarios.
  • Cultura y tradiciones alimentarias: la agroecología juega un papel importante al reconciliar la tradición y los hábitos alimentarios modernos, armonizándolos para promover los alimentos locales y de temporada y dietas saludables, diversificadas y culturalmente apropiadas que permitan una buena nutrición, al tiempo que reducen la huella de carbono de la industria alimentaria y protegen los ecosistemas.
  • Gobernanza responsable: el acceso equitativo a la tierra y los recursos naturales no solo es clave para la justicia social, sino también esencial para aportar incentivos a las inversiones a largo plazo en sostenibilidad.
  • Economía circular y solidaridad: las soluciones locales son la base de la agroecología. Esto incluye apoyar a los mercados locales y a las economías que ofrecen medios de vida sostenibles y justos a los miembros de su comunidad. La agroecología busca acortar las cadenas alimentarias al disminuir el número de intermediarios, lo que aumenta los ingresos de los productores y mantiene unos precios justos para los consumidores.

Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura

 

Proyectos de agroecología en España

La organización Ecologistas en Acción ha analizado los proyectos agroecológicos que existen en España y concluye que una gran mayoría provienen de personas o colectivos que se incorporan por primera vez al medio rural. Solo un 30 % de los analizados provienen de proyectos de agricultura y/o ganaderías familiares.

La mayoría tienen una base colectiva y a diferencia de la agricultura industrializada, aparece una alta participación de las mujeres: el 41 % de las personas implicadas en estos proyectos lo son.

Prácticamente todas las iniciativas estudiadas incorporan fases que cierran el ciclo de producción, o bien, una primera transformación (quesos, pan, conservas…)  y venta directa, o bien, venta directa (cestas de verduras, hortalizas, frutas o granel). Y son proyectos con una escala pequeña y artesanal. Se trata de modelos productivos que eligen figuras de economía social para su desarrollo (asociaciones, cooperativas y algunos autónomos o pymes). Y una gran parte de las personas participantes llevan con sus proyectos entre 2  y 5 años. Los proyectos de estas características tardan una media de 11 años en asentarse.

Es el caso de La Xarxa de Pagesos Agroecològics de Catalunya, una red formada por varios proyectos (individuales y colectivos) que buscan “dignificar el trabajo del agricultor desde un modelo basado en la justicia social, la solidaridad, la cooperación y la sostenibilidad”.

“Recuperamos técnicas y prácticas tradicionales así como variedades locales de especies hortícolas; racionalizamos el uso de los recursos naturales (agua, suelo, nutrientes, energía, …); reducimos al máximo la generación de residuos; evitamos el monocultivo, y potenciamos la biodiversidad”, detallan.

En este caso, los proyectos que forman parte de esta red distribuyen sus productos localmente al consumidor final (mercados, servicio a domicilio, cooperativas de consumo, etc.) e intentan garantizar unos precios equitativos y justos para todos.


Miembros del proyecto Bajo el asfalto está la huerta. Foto:BAH

 

En la zona de Madrid y alrededores existe Bajo el asfalto está la huerta,  una iniciativa mixta de productores y consumidores, un colectivo de personas que, basándose en la agroecología, ​ proponen un modelo alternativo de producción, distribución y consumo agrícola.

Y en Bizkaia, el proyecto Nekasarea facilita que más de 400 familias se benefician de un sistema directo de venta de productos locales y agroecológicos.

 

Escrito por Rut Vilar
Foto portada de Edu Bayer

 


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