Slow life un estilo de vida

23 octubre 2020

El mundo va deprisa; muy deprisa. Todo está “organizado” para que seamos cada vez más productivos y rentables. Las nuevas tecnologías y la globalización tienen muchas cosas buenas, pero también son herramientas que facilitan la obsesión por la competitividad, por vivir de un modo que es contraproducente para la salud y para nuestro entorno.

Frustración, estrés, sensación de fracaso o de no sentirse realizado a nivel personal, esas son algunas de las muchas consecuencias de vivir siempre en el futuro. Y lo peor es que en esa carrera contrarreloj dejamos atrás también las relaciones personales de verdad, la cercanía, los tiempos y las experiencias compartidas con nuestros pares.

Pero no solo nuestro cerebro y nuestro cuerpo se resienten de las consecuencias de un estilo de vida que nos somete a la prisa constante, este ritmo de vida también perjudica al planeta, pues la forma de vida implica una forma de consumo paralela que es absolutamente perjudicial. Es precisamente, frente a esta situación, cuando surge el Slow-Life, una corriente que promueve que tomemos las riendas de nuestra vida, y que pisemos el freno para vivir una vida plena y constructiva.

 

Slow Food: el origen del Slow Life


Foto de Pixabay

 

Hemos hablado antes en este blog del concepto del Slow-food, un movimiento que nació en Roma en 1968, para plantarle cara al Fast Food. Se trata de un movimiento que defiende la vuelta a la comida tradicional, con productos de mercado, degustando los sabores de las cosas, sin prisa y con los cinco sentidos. Si es Slow-Food es una filosofía de vida que consiste en disfrutar de la comida, el Slow-Life implica disfrutar de la vida, del presente, de las pequeñas cosas. Se trata de vivir alejados de las prisas y tener la capacidad de disfrutar de cada acción, de cada momento, y de cada persona.

A partir del concepto Slow-Life, nacen el resto de filosofías Slow, que no son más que trasladar la esencia del Slow-Life o Slow Food al resto de nuestras vidas y nuestros hábitos:

 

Modalidades de Slow Life

Slow Cities

Es cierto que para practicar el Slow-Life no hace falta vivir en un pueblo o en una montaña aislados. Es mas una determinación que otra cosa. Sin embargo, es cierto que hay ciudades que han abrazado esta filosofía que pretende mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos a partir de propuestas relativas al territorio o al medio ambiente en las que hay un equilibrio entre modernidad y tradición. En este sentido, hay muchas ciudades en todo el mundo que se han sumado a este concepto. En España, por ejemplo Lekeitio, es una de esas ciudades que no solo promueve la hospitalidad y la convivencia entre sus habitantes sino que trata de concienciarles sobre una vida Slow.

Slow home

La tendencia Slow también ha llegado a la arquitectura, y cada vez es más frecuente que se lleven a cabo proyectos integrales de viviendas que siguen este estilo de vida. En este sentido, el Slow home promueve que “construyamos” hogares, no simplemente casas. Hogares que se integren con el paisaje, con espacios comunes para compartir el día a día con nuestros vecinos. Las viviendas se construyen con un consumo prácticamente inexistente y con ambientes interiores saludables y que faciliten la vida en familia. Calidad de vida y respeto a la naturaleza es el nuevo modo de construir. Y la decoración también juega un gran papel, se trata de que vivamos en hogares sencillos que inviten al orden y a un ritmo de vida sosegado.

Slow fashion

Es lógico que la tendencia Slow haya llegado también al mundo de la moda. En los últimos años, el consumismo se ha elevado tanto que ha llegado a un nivel insostenible. ¿Sabías que el 20% de los residuos que se generan en el planeta son responsabilidad de la industria textil? El Slow fashion surge para frenar o modificar esa forma de comprar sin medida, sin necesidad y sin conciencia. La moda debe volver a un origen más primitivo con tejidos naturales, reciclados, ropa cómoda, práctica y respetuosa con el medio ambiente y con las personas que trabajan para producirla.

Slow travel

Otra forma de hacer turismo también es posible. Una forma de viajar que genere menos impacto en las poblaciones y localidades anfitrionas, una forma de hacer turismo que nos permita disfrutar de la cultura, el folclore y la gastronomía de las ciudades que visitamos. Que nos permita conocer otras formas de vida, y no tan sólo coleccionar postales o selfies. Viaja sin prisas, desconecta y disfruta del momento, del lugar y de la compañía.

 

Pequeño manual para novatos en Slow Life


Foto de Pixabay

 

En realidad, el Slow-Life no va en contra de la vida moderna. Resulta irreal pensar que podemos frenar en seco este mundo y que no vaya a tener consecuencias, pero si podemos tratar de establecer un equilibrio.

Aquí va un pequeño manual por si has decidido dejar de correr y apreciar la vida, las relaciones con los demás y con tu entorno:

  • Respira
  • Come bien, despacio y si puedes hazlo acompañado, comentando tu día, o la comida, o el último libro que has leído. No comas de pie o con las manos.
  • Reserva un momento de cada semana para no hacer nada. Es decir, que no pongas nada en tu agenda. Utilízalo para pensar, para estar tranquilo o para hacer algo que te apetezca.
  • Levántate antes. Sí, parece una tontería pero postponer 10 o 20 minutos la hora de levantarse a veces hace que nos pasemos el día corriendo, tratando de recuperar esos minutos a lo largo del día. Levántate con tiempo y desayuna con tranquilidad.
  • Aprende a decir no y a delegar. En casa, en el trabajo y también con la familia y amigos. A veces no puedes ayudarles, no pasa nada, lo entenderán.
  • Busca tu ritual Slow. Todo el mundo tiene alguno, esa actividad a la que podemos recurrir para pisar el freno cuando veamos que vamos muy acelerados. Unos hacen yoga, otros cocinan, otros leen…
  • La meditación también nos puede ayudar a ralentizar nuestro ritmo de vida y a poner el foco en lo realmente importante.
  • Disfruta de la naturaleza. Da paseos por el campo, por la playa, sal a la calle cuando llueve – aunque lleves un paraguas. Mantente en contacto con el planeta, observa los árboles, las nubes, las estrellas. Volver la vista a nuestro planeta nos reconcilia y nos ayuda a vivir el presente.
  • Pasa tiempo con tus amigos, con tus hijos, con tu familia, con tus vecinos. La verdadera felicidad está en las relaciones con los demás.
Escrito por Natalia Muro
Foto portada de Pixabay

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