Boyan Slat el limpiador del mar

16 octubre 2020

Slat, un joven emprendedor holandés de 26 años, ha decidido dedicar su mente inquieta a la búsqueda de métodos sostenibles para eliminar el plástico de los océanos.

Ingenio, perseverancia, iniciativa y carisma definen a Boyan Slat, un joven holandés que con solo 18 años cautivó a cientos de miles de personas de todo el mundo con una inspiradora charla TEDx sobre cómo solucionar el problema de la acumulación de plásticos en los océanos. En una exhibición también de sentido del humor, Slat se define en su perfil de Twitter como un exestudiante de ingeniería aeroespacial “convertido en limpiador”.

“Cuando tenía 16 años fui a bucear con la escuela a Grecia y vi más bolsas de plástico que peces. Me preguntaba por qué no podíamos simplemente limpiarlo. Y esa pregunta, bastante simple, se mantuvo en mi cabeza”, cuenta este joven.

“En lugar de intentar atrapar el plástico del océano”, pensó, se podría “dejar que las corrientes marinas los arrastraran hasta un punto de recogida”. Y así lo contó en esa charla TEDx: en pocos días, había recaudado más de dos millones de dólares para su proyecto, incluyendo a donantes de 160 países de todo el mundo.

Como estudiante de ingeniería aroespacial de la Universidad Tecnológica de Delft, comenzó a trabajar en el diseño de artefactos para lograr su objetivo, pero abandonó la escuela antes de que comenzara el segundo semestre.

Slat creo entonces la organización The Ocean Clean Up, una fundación sin ánimo de lucro dedicada al desarrollo de tecnología avanzada para eliminar el plástico de los océanos.

Las vías en las que trabajan Boyan Slat y su equipo son dos: la recogida de residuos de los ríos (the interceptor) y la limpieza de los océanos a través de la concentración el plástico, primero.

Este último sistema consiste en colocar en el agua un flotador muy largo que se asienta en la superficie y que tiene por debajo un faldón. El flotador proporciona flotabilidad a todo el sistema, mientras que el faldón retiene los escombros y los conduce hasta el sistema de retención.


Foto: Sistema para la recolección de plásticos de la zona llamada del Gran Pacífico, entre California y Hawaii. 2018. The Ocean Clean Up.

 

Se trata además de un sistema pasivo, es decir, impulsado por fuerzas naturales (viento, olas y corrientes), lo que aumenta su capacidad de resistencia y evita el consumo de energías minerales. Para atrapar los plásticos, el dispositivo cuenta, además, con un ancla de mar que ralentiza su movimiento (técnicamente, debe de haber una diferencia de velocidad entre el sistema y estos residuos), permitiendo la captura y retención del plástico. Este sistema, asegura Slat, reducirá el tiempo teórico de limpieza de los océanos de milenios a solo años.

En concreto, desde Ocean Clean Up estiman que eliminará el 50% de la mancha de basura del Gran Pacífico en solo cinco años.

Por otro lado, cuando Bojan Slat descubrió que los 1.000 ríos que hay en todo el mundo suponen la fuente principal de vertido de plástico en los océanos, concretamente del 80%, decidió buscar también un método para abordar este problema. De ahí nació el llamado “Interceptor”, una barcaza alimentada por energía solar capaz de recolectar hasta 110 toneladas de basura cada día para que no lleguen al océano. Los desechos son aspirados del río y guardados en contenedores de basura para después llevarlos a tierra firme para su reciclaje.

En 2014, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente concedió a Bojan Slat uno de los galardones  Campeones de la Tierra del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). También el jurado del premio de diseño más importante del mundo, el Danish INDEX: Award, le premió con cien mil euros,  por su “increíblemente ingeniosa” idea para mejorar en gran medida la condición del mayor recurso natural de la Tierra.

 

Slat cuenta ya con ochenta empleados en su organización y ha recaudado unos cuarenta millones de dólares de donantes, fundaciones benéficas, el gobierno holandés, algunos europeos anónimos y multimillonarios de Silicon Valley como Peter Thiel (fundador de Pay-pal y unos de los primeros inversores de Facebook) y Marc Benioff (directos general de Salesforce, la empresa estadounidense de software bajo demanda).

Una figura controvertida entre los expertos

“Si yo tuviera cuarenta millones de dólares, lo primero que haría es establecer programas de cero residuos en toda Asia”, respondió a la revista The New Yorker el reputado activista Froilan Grate, cuestionado por la labor que realiza Boyan Slat. Según algunos análisis, sería posible la reducción del 45% por ciento de los vertidos de plástico de la tierra al mar con una mejor gestión de los residuos de China, Indonesia, Filipinas, Tailandia y Vietnam. Pero la financiación para este tipo de programas es escasa.

“Nosotros no decimos: prohibir todo el plástico; en cierto modo, brindamos una alternativa que es mejor, que es emocionante, que se adapta a una visión del mundo, que puede entusiasmarlo”, admite Slat.  Distintas disciplinas de las ciencias sociales defienden que, actualmente, la sociedad está más comprometida con la idea de limpieza que con las de prevención o mitigación de los problemas.

Slat nació un 27 de julio de 1994 en Delft, una ciudad conocida como centro de ingeniería marina, situada en la Holanda meridional, entre La Haya y Rotterdam.  Su madre, Manissa Ruffles, trabajaba como guía turística y lo crió sola. El padre de Slat, pintor, vive en Croacia. Con solo dos años, el chico construyó él mismo una silla pequeña pero funcional con madera y clavos.

Sus primeros años de escuela fueron complicados, ya que su interés por actividades poco comunes para su edad hicieron que apenas lograra hacer  amigos. A los doce años cambió de centro de estudios y allí entabló amistad con otro manitas con el que comenzó a construir cohetes. Luego intentó construir un artilugio propulsado por un cohete para lanzar a su amigo al espacio. Y con catorce años logró reunir a 213 persona en el campus de la Universidad de Delft para que, simultáneamente, lanzaran cohetes hechos con botellas, estableciendo así un récord Guinness.

Ahora, con 26 años, su madre sufre al verlo rodeado siempre de personas mayores que él, “con sus trajes grises”, comenta. “Creo que se ha perdido la adolescencia”, señala la mujer en la citada pieza de The New Yorker.

Escrito por Rut Vilar
Foto portada de The Ocean Cleanup

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