La hora del consumo responsable

13 octubre 2020

El modelo actual de consumo y producción, particularmente en los países industrializados, resulta insostenible. Urge un cambio hacia un consumo ajustado a las necesidades reales y un mercado de bienes y servicios que favorezca la conservación del medio ambiente, la igualdad social y el bienestar de los trabajadores.

Hay cifras que estremecen. Y esta es, sin lugar a dudas, una de ellas: cada año, se estima que un tercio de toda la comida producida en el mundo (el equivalente a 1300 millones de toneladas, como 95.000 campos de fútbol, con un valor cercano al billón de dólares) acaba pudriéndose en los cubos de basura de los consumidores y minoristas, o estropeándose debido a un transporte y unas prácticas de recolección deficientes. ¡Un tercio!

El modelo actual de consumo y producción, particularmente en los países industrializados, resulta insostenible. Por ello, incluso Naciones Unidas incluyó entre sus objetivos para el periodo 2016-2030 el de “garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles”, no solo en el tema alimentario.

Ante el panorama actual, urge un compromiso sin matices por un consumo responsable desde un punto de vista amplio, que incluya la responsabilidad al respecto de gobiernos, instituciones y organismos mundiales con sus políticas a gran escala, pero también las acciones que la ciudadanía puede impulsar en sus círculos más próximos sin minimizar la importancia de los cambios estructurales.

Un consumo ajustado a las necesidades reales y que apueste por un mercado de bienes y servicios que favorezca la conservación del medio ambiente, la igualdad social y el bienestar de los trabajadores. La elección, siempre, de productos sostenibles que aporten valores como la igualdad de oportunidades, la reducción de la pobreza, el trabajo digno, la solidaridad y el cuidado y la conservación del medio ambiente.

 

“La clave es ser consciente de qué genera menos gases de efecto invernadero, qué consume menos energía y cómo cerrar los ciclos. Pero en mi opinión, las medidas de cambio hacia un consumo consciente deben ser colectivas y universales, extensibles al conjunto de las personas. Creo que debemos tener cuidado con las soluciones a las que solamente pueden optar las personas que no son precarias o que tienen altos niveles adquisitivos”, apunta Yayo Herrera, antropóloga, ingeniera agrícola y activista ecofeminista, en una extensa entrevista de la revista Opcions. Y añade: “Para empezar, caminar todo lo que podamos o montar en bici. Optar por modos de desplazamiento que vayan con cargo a nuestros músculos, en lugar del transporte motorizado, con cargo a las energías fósiles. Y cuando esto no sea posible, usar el transporte público y colectivo y dejar las opciones motorizadas, individuales y privadas como último recurso”.

 

Movilidad consciente


 

Foto: Shared Mobility Principles

La publicación The Urban Mobility Daily señala que la flota de vehículos utilitarios crecerá hasta los 1.600 millones en el mundo en 2040. Por ello, resulta fundamental transformar la forma en se mueven tanto las personas como las mercancías para ofrecer más movilidad con menos impacto.

Para afrontar este reto existencial, la transformación hacia la movilidad sostenible implicará tres pilares interconectados: medioambiental, social y económico. Las soluciones de movilidad sostenible deben diseñarse para contribuir positivamente a las comunidades a las que sirven, respetando sus objetivos ambientales, sociales y económicos.

Será, pues, clave abogar por un transporte que no contamine. La bicicleta o los trenes eléctricos son sistemas de transporte que contribuyen a disminuir los niveles de contaminación, sobre todo para los que viven en una gran ciudad.

 Y a nivel rural, además del transporte a pie o en bicicleta, una buena opción es el transporte colectivo: autobuses escolares que unan distintos pueblos de una misma zona, también para el acceso a polígonos industriales, áreas comerciales o centros de salud. Y si hablamos de vehículos eficientes, eléctricos, híbridos o de combustibles alternativos, todavía mejor.

 

Alimentación consciente

Según la definición de la FAO, la sostenibilidad de las dietas es un concepto complejo que va más allá de la nutrición y el medio ambiente e incluye dimensiones económicas y socioculturales.

Las dietas sostenibles son aquellas que generan un impacto ambiental reducido y que contribuyen a la seguridad alimentaria y nutricional y a que las generaciones actuales y futuras lleven una vida saludable. Además protegen y respetan la biodiversidad y los ecosistemas, son culturalmente aceptables, accesibles, económicamente justas y asequibles y nutricionalmente adecuadas, inocuas y saludables, y optimizan los recursos naturales y humanos.

En este sentido, a nivel comunitario, es imprescindible adquirir algunos hábitos críticos de consumo que pasen por tener la máxima información de los productos que compramos. Información de origen, componentes, procedencia o tratamiento. Comprar solo lo necesario y hacerlo en redes de comercio justo. Apoyar a los productores que promuevan prácticas sostenibles y que, a la vez, ayuden a reducir la pobreza y la desigualdad.

Consumo energético consciente


Objetivos de desarrollo sostenible de la ONU. Energía asequible no contaminante.

La energía es vital en nuestra sociedad y ante el inminente final de la era de los combustibles fósiles y los graves problemas ambientales generados de su explotación, la sociedad ya ha comenzado a buscar otras alternativas de consumo energético.

En el día a día, podemos reducir nuestro   consumo   de   energía   utilizándola   de   forma   más   eficiente, invirtiendo en equipamiento energéticamente eficiente y en medidas de ahorro energético, así como adoptando un estilo de vida más sostenible con respecto al uso de la energía.

Y, por otra parte, está el cambio hacia el uso de energías verdes, provenientes de fuentes naturales como la luz solar, el viento, la lluvia, las mareas, las plantas, las algas o el calor geotérmico. Estos recursos energéticos son renovables, lo que significa que se reponen naturalmente. Por el contrario, los combustibles fósiles son un recurso finito que tarda millones de años en desarrollarse y seguirá disminuyendo con el uso. Las fuentes de energía renovables también tienen un impacto mucho menor en el medio ambiente que los combustibles fósiles, que producen contaminantes como gases de efecto invernadero como subproducto, lo que contribuye al cambio climático. Además, para obtener acceso a los combustibles fósiles, por lo general se requiere minar o perforar profundamente en la tierra, a menudo en lugares ecológicamente sensibles.

 

Moda y banca conscientes


Foto: Alargando la vida una prenda de ropa 9 meses, reduciríamos la emisión de carbono, el uso de agua y los deshechos en un 20-30%.

¿Sabías que para producir unos vaqueros se necesitan 7.500 litros de agua (casi 1900 garrafas de 5 litros)? El sector de la moda usa el mismo agua al año con el que sobreviven 5 millones de personas. Esta industria es, además, responsable del 20% del desperdicio total de agua a nivel global y, junto al calzado, produce

el 8% de los gases de efecto invernadero del mundo. Cada segundo se entierra o quema una cantidad de textiles equivalente a un camión de basura. Y la producción de ropa sigue creciendo. Es la llamada fast fashion (ropa barata producida rápidamente en respuesta a las últimas tendencias) que suma, además, denuncias de explotación a trabajadores de países subdesarrollados que luchan por sobrevivir con salarios extremadamente bajos, que sufren condiciones de trabajo pésimas sin el mínimo respeto a sus derechos humanos.

En cuanto al consumidor, la reconducción hacia un consumo responsable de la moda pasa por dar un mejor uso a las prendas que tenemos: alargar su vida o darle una nueva, si es posible, a prendas que otra persona haya descartado. Cuando reutilizamos ropa, estamos aprovechando al máximo los recursos con los que esta fue fabricada. Y en caso de comprar ropa nueva, hacerlo de marcas implicadas en la lucha por la sostenibilidad en la industria.


Trailer oficial de True Cost con subtítulos en Español

 

Las entidades de banca y financiación ética ofrecen servicios bancarios y financieros que incorporan criterios ambientales y sociales. Sus servicios se rigen por el impacto social y ambiental, por lo que invierten en proyectos que garantizan un beneficio para las personas y para el medio ambiente.

Destacan por la transparencia a la hora de informar a sus clientes sobre su funcionamiento y de las operaciones que llevan a cabo. Se mantienen al margen de la especulación de mercados como las bolsas, de productos con rentabilidades exageradas, que suelen comportar que en algún lugar del mundo, alguien, o el planeta en su conjunto, está siendo explotado.

Buscan, en cambio, fomentan actividades beneficiosas para la sociedad y promueven el desarrollo sostenible, a partir de la propia estructura de la banca y de sus inversiones.

En España existen diversos bancos que se rigen por estos criterios como: Triodos Bank, Fiare, Coop57 y Oiko Credit.

Escrito por Rut Vilar
Foto portada de Unsplash

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